Casa Flamboyant / Juliana Camargo + Proyecto Prumo


Descripción de la presentación del equipo del proyecto. La Casa de la Magnitud nació de un diálogo con parte del territorio ocupado. El plan se basa en un terreno de 3.000 m2 y se basa en el reconocimiento de tres edificios originales notables: una casa establecida de dos plantas en forma de “L”, una piscina instalada y un gran árbol vagamente incrustado en el terreno. Estas condiciones no se ven como limitaciones sino como elementos estructurales del proyecto, que guían la implementación y las decisiones volumétricas y espaciales.

Desde su concepción, la arquitectura y el diseño de interiores fueron concebidos como inseparables, operando como un único sistema capaz de articular espacio, materialidad, paisaje y experiencia. La nueva residencia se organiza en un conjunto capaz de combinar diferentes tiempos, volúmenes claros y un entorno natural, dando un nuevo significado al conjunto existente.

El edificio consta de dos volúmenes principales, independientes y claramente definidos. El primer espacio es el espacio social: sala, comedor y cocina integrados, concebidos como un ambiente continuo y fluido. Este volumen se abre generosamente como una esquina, dando paso a la gran terraza y piscina, reforzando la relación directa entre interior y exterior. Los grandes paneles de vidrio que van desde el suelo hasta el techo eliminan los límites físicos y visuales, haciendo del paisaje un elemento integral del espacio interior.

El segundo volumen concentra las funciones íntimas, con las tres suites dispuestas de manera que garanticen privacidad, confort ambiental y calificadas vistas a la vegetación existente. Ambos volúmenes cuentan con estructuras metálicas suspendidas, solución que permite la entrada de luz indirecta, favoreciendo la ventilación y dando sensación general de ligereza. El techo de madera de freijó actúa como un elemento continuo en toda la estancia aportando confort térmico y visual y potenciando la horizontalidad del edificio.

La integración entre los dos cuerpos se realiza a través de una amplia placa inferior, un elemento horizontal que conecta los volúmenes, define los recorridos y establece una escala intermedia entre el edificio y el paisaje. Bajo esta losa se configura un espacio de transición, protegido y permeable, que alberga usos cotidianos como sala de televisión y zona de estar. Este plano es más que una simple conexión, es un espacio permanente donde el interior y el exterior se fusionan en una experiencia continua.

Al rodear los magníficos árboles existentes, el tablero crea un ambiente exterior particularmente acogedor. Bajo la copa de los árboles, el espacio se convierte en un verdadero salón al aire libre, naturalmente sombreado y protegido, fomentando la convivencia durante todo el día. En este punto, el jardín deja de ser un telón de fondo y comienza a actuar como una extensión directa del edificio, reforzando la sensible relación entre arquitectura, paisaje y clima.

El diseño interior refuerza y profundiza la estrategia arquitectónica del proyecto. Concebidos en conjunto con la arquitectura desde el principio, no se presentan como capas posteriores sino como componentes integrales del tejido espacial. La continuidad del techo de madera, la presencia visible de la estructura metálica y la modulación de los vanos organizan los espacios interiores, definiendo usos, recorridos y atmósferas.

Las cocinas integradas juegan un papel central en los espacios sociales, actuando como elementos de conexión entre ambientes. Los bancos de mármol de Paraná dialogan con la estructura del edificio, mientras que la carpintería en tonos verdes crea una relación directa con la vegetación exterior, ampliando la continuidad visual entre el interior y el jardín. La madera de Freijó aparece en techos, mobiliario fijo y carpinterías aportando calidez y confort, equilibrando la solidez del material y potenciando la experiencia cotidiana.


El color aparece como elemento arquitectónico en todo el proyecto. Los tonos verdes se asemejan al entorno natural, mientras que el portal de entrada y los coloridos planos interiores hechos de láminas de metal amarillas actúan como puntos de referencia espaciales y visuales, guiando rutas y dando identidad al complejo. El color no es sólo un recurso estético, también participa activamente en la construcción del espacio.

En la fachada a la calle, el ladrillo cocido define un plano continuo y macizo, estableciendo la materialidad principal de la vivienda y garantizando una mayor privacidad. En cambio, la fachada interior se caracteriza por la transparencia de grandes planos de vidrio, que controlan la luz natural y establecen una relación directa con el entorno verde. Por lo tanto, la hermosa casa fue construida como mediadora entre lo nuevo y lo existente. En los intervalos entre volúmenes, los espacios de transición y la integración entre arquitectura, interior y paisaje, el proyecto propone una forma de vivir clara, sensible y duradera en la que el espacio está menos restringido y más definido por las relaciones que establece.
