Casa Inversa / Héctor Navarro + ARKHITEKTON


Descripción de la presentación del equipo del proyecto. quedarse en cama montañas ibéricasSituada dentro de un pequeño pueblo de Cantabria, la casa conserva la coherencia de la estructura urbana y el paisaje rural, permaneciendo intacta durante las transformaciones que transformaron otros asentamientos cercanos. El proyecto surge del deseo de integrarse en este contexto, aceptando las limitaciones de las regulaciones locales que requieren continuidad formal y material con la arquitectura tradicional, mientras explora cómo este patrimonio puede reinterpretarse desde una perspectiva contemporánea sin caer en una replicación literal.

La casa fue concebida como un único volumen en forma de L que se pliega sobre sí mismo para definir el jardín y crear un ambiente doméstico protegido. Esta geometría organiza las funciones en un nivel, permitiendo que cada habitación disfrute de ventilación cruzada, abriéndose hacia el sur y el oeste y cerrándose hacia el norte y el este. Frente a la calle, aparece como una sólida fachada de piedra –un muro silencioso que protege la privacidad de la familia– mientras que desde el jardín se revela su reverso: una fachada abierta, luminosa y transparente que aumenta la relación con el paisaje.

El techo a dos aguas unifica la composición y realza su lectura como un continuo, casi como una pared que se pliega sobre sí misma. La fachada está construida con piedra extraída del mismo lugar (piedra rodada en cantidades locales, sin aportes externos) que recuerda la textura y profundidad de los muros rurales de la región. Las aberturas de diferentes tamaños y proporciones parecen estar dispuestas libremente, pero están alineadas con precisión con la estructura y la manera de habitar cada espacio: pararse, sentarse, tumbarse, moverse… Este ritmo rítmico recuerda a la arquitectura vernácula, donde la transformación de funciones a lo largo del tiempo produce fachadas que cuentan su propia historia. En contraste, el lado interior de la “L” está definido por ventanas de altura completa que crean un diálogo continuo con el jardín: aberturas más pequeñas enmarcan fragmentos del paisaje como pinturas, mientras que grandes paneles de vidrio lo enfatizan y extienden.



En marcado contraste con la masa de piedra de la fachada noreste, el interior en forma de “L” está revestido de madera oscura y vidrio, conectando la vida cotidiana con el paisaje circundante. Las tonalidades oscuras de la madera, que recuerdan a las de la arquitectura cántabra obtenidas mediante aceites y tintes naturales, definen una paleta cromática coherente, rematada con piedra caliza gris de la ría de Tinamena, utilizada para los pavimentos interiores y exteriores, reforzando la conexión material con el territorio. A esta gama se suma el color rojo, presente en las tejas del tejado y en elementos de acero corten como marcos, molduras y canalones voladizos, convirtiendo cada lluvia en un pequeño evento.


La planta distingue dos alas: una contiene la zona de día – salón, comedor y cocina, articulada alrededor de una chimenea central y un porche, mientras que la otra contiene la zona de noche, que incluye el dormitorio principal y dos habitaciones adicionales, una de las cuales se puede transformar mediante tabiques móviles.

La casa no sólo reproduce la tradición, sino que también funciona a la inversa: el umbral donde lo vernáculo y lo moderno se superponen. En la tensión entre masa y ligereza, opacidad y transparencia, muro y vacío, la casa confirma su pertenencia al lugar mientras habla claramente en tiempo presente.
