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Esta lámpara de hormigón parece más tranquila y redondeada que brutalista.

El modo predeterminado de Concrete en el diseño de productos es pesado, lineal y algo conflictivo. Aparece en velas, sujetalibros y bases de lámparas, que tienden al estilo brutalista, como si el primitivismo fuera el punto. Esta estética funciona en el contexto correcto, pero rara vez resulta relajante o se considera a escala de escritorio, y el objetivo suele ser una superficie que le ayude a concentrarse, en lugar de una que se imponga desde todos los ángulos.

Mikka plantea una pregunta: ¿Qué pasaría si verter hormigón fuera ligero? La respuesta es una lámpara de mesa con bordes suaves, volúmenes cuidadosamente equilibrados y una silueta que parece más tranquila que rígida. El objetivo no es pasar por alto el material o pretender que es otra cosa, sino presentar algo concreto de una manera que se sienta moderna y accesible sin quitarle lo que lo hace honesto.

Diseñador: León Bora

El formulario hace la mayor parte del trabajo. Las transiciones de la superficie son controladas y graduales, los bordes son redondeados en lugar de biselados y las proporciones generales evitan la sensación de bloque sólido que hace que la mayoría de los objetos concretos parezcan pertenecer a un sitio de construcción. El espacio negativo dentro del cuerpo elimina la masa visual, haciendo que la lámpara parezca más ligera que cualquier objeto concreto cuando se conoce la densidad real del material.


La fabricación desempeña un papel central a la hora de hacer posible esta geometría. La carcasa está fabricada a partir de un molde impreso en 3D diseñado con precisión que permite radios estrechos, condiciones de pared consistentes y un acabado superficial refinado que es difícil de lograr con la fabricación de moldes tradicionales. Es un flujo de trabajo híbrido, en el que la fabricación aditiva se utiliza como herramienta para la fundición tradicional, lo que proporciona a las lámparas el lenguaje de formas controlado y detallado necesario, en lugar de los contornos toscos que suelen producir los moldes hechos a mano.



El mecanismo de pivote es donde Mikka requiere interacción. Incline la cabeza hacia abajo y las vigas rasparán la superficie del concreto, revelando sutiles cambios de textura e imperfecciones naturales del proceso de fundición. De este modo, la lámpara se vuelve casi autorreferencial, llamando la atención sobre las cualidades materiales que la definen. Inclínala hacia el exterior y se convierte en una práctica luz de lectura o de trabajo, enfocada y directa. Un solo gesto puede cambiar todo el carácter de un objeto.


Esta dualidad hace que sea interesante tenerlo sobre una mesa y no sólo en un estante. A altas horas de la noche, inclinándose hacia adentro, existe un ambiente tranquilo. Durante el día, apunta a un libro o a una pantalla, es práctico sin resultar engorroso. No requiere que adoptes un patrón, lo cual es una cualidad útil para las luces que tienen que compartir espacio con otros objetos.

Mika sugiere que el hormigón a escala de producto no tiene por qué estar preestablecido para que sea pesado y agresivo. Cuando se piensa bien la forma y se controla el moho, los materiales pueden generar una presencia diferente, una que encajaría en una mesa de casa sin tener que ser lo único que se note en la habitación.


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