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Leibal — Centro de la Memoria

El Centro de la Memoria es un centro médico minimalista ubicado en San Sebastián, España, fundado por ortega diego. Los edificios sanitarios rara vez abordan la cuestión del tiempo de forma tan directa como esta intervención de 600 metros cuadrados de Gonzalo Sánchez Ortega y Armando Diago. Trabajando en una planta baja inicialmente caracterizada por la oscuridad y una densa red estructural, el estudio transformó las difíciles condiciones existentes en la lógica organizativa central del proyecto, convirtiendo las limitaciones en herramientas.

La decisión de aceptar, en lugar de ocultar, la cuadrícula de columnas portantes confiere al Centro de la Memoria un carácter espacial único. Las superficies lisas de estas columnas proporcionan un contraste rítmico con los nuevos tramos de piedra de textura rugosa introducidos en todo el esquema. Este contraste es intencional: las columnas están retrasadas con precisión y las nuevas paredes se afirman a través de cualidades superficiales táctiles rugosas, rechazando la neutralidad clínica típica de los entornos de atención. Su espíritu está más cerca del uso que hace Sverre Fehn del hormigón en bruto como medio de expresión emocional que de los espacios en blanco higiénicos de los interiores institucionales tradicionales.

El acero inoxidable aparece en las áreas de servicio y taquillas, sus superficies reflectantes amplifican la luz disponible e introducen un registro sensorial completamente diferente dentro de la paleta. La interacción entre piedra mate, metal pulido y suelos textiles de color arena suave crea una secuencia de materiales que merece especial atención: cada superficie se comporta de manera diferente en las condiciones de luz cambiantes a lo largo del día.

La puerta giratoria perforada es el elemento innovador más formal del proyecto. Actúan como separadores de ambientes y filtros solares, proyectando patrones de sombras geométricas en constante cambio en el suelo a medida que la luz del día los atraviesa. El edificio se convierte en una especie de reloj de sol, que registra el paso del tiempo a través de una geometría proyectada: un gesto silencioso y profundo en una instalación dedicada a la memoria y la experiencia del tiempo. Esta relación calibrada entre estructura y luz recuerda el interés de Carlo Scarpa por animar superficies a través del cambio temporal, aunque aquí el efecto se logra a través de materiales industriales y movimiento mecánico en lugar de mosaicos y teselados.

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