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Lima, ciudad antigua. El legado vivo de nuestros antepasados ​​| Aldo G. Facho Dedé

Juaccaplan Lima, ciudad antigua. El legado vivo de nuestros antepasados ​​Aldo G. Facho Dede
Huaca Pucllana, Lima (Perú)

Con motivo del 491 aniversario de la fundación de la ciudad de Lima en España, se publicaron diversos informes destacando los valores virreinales y republicanos de la ciudad, así como la encomiable y ardua labor realizada por Prolima para proteger y preservar estos valores. Pero poco se habla de los miles de años de historia de los territorios que ocupamos.

Lima y Callao, por su densidad y superposición histórica, cuentan con un patrimonio arqueológico, urbano, arquitectónico y cultural comparable al de ciudades como Ciudad de México, El Cairo y Estambul. Vivimos en un territorio con monumentos antiguos como las Pirámides de Egipto (Huaca el Paraíso, 2.300 a.C.) y el Santuario de Pachacamac, el centro ceremonial más importante de la costa central, uno de los mayores lugares de culto del mundo antiguo, comparable a Delfos o Chichén Itzá.

Basta una mirada a este territorio para comprobar que el legado de nuestros antepasados ​​es vasto y diverso. La ocupación por culturas como los Lima, Colli, Yehosima e Incas nos dejó más de 500 sitios arqueológicos, repartidos por el área metropolitana y conectados por una red de caminos y canales, cuyos orígenes se remontan al segundo milenio antes de Cristo. Gracias a las mejoras de la ingeniería hidráulica a lo largo de los siglos, los sistemas de riego transformaron los desiertos en valles fértiles, cuya riqueza y ubicación estratégica atrajeron a los castellanos. Nacidos en los ríos Rímac, Chillón y Loulin, estos canales atraviesan el territorio, ramificándose en una red que originalmente regaba cultivos y hoy sustenta las principales áreas verdes de la metrópoli. Su trazado estructura el territorio, definiendo primero caminos y zonas agrícolas, luego fincas y finalmente avenidas y zonas urbanizadas. Si nos fijamos bien, podemos reconocer sus huellas en los surcos de algunas de las carreteras por las que circulamos a diario.

Sin el canal, Lima y Callao no existirían. La metrópoli en la que vivimos hoy será un desierto, carente de productividad, estrategia o valor urbano.

El impacto de este sistema hídrico en el territorio es tan profundo que incluso uno de los espacios naturales más importantes de la ciudad depende de él. La fuente de agua de Villa Pantanos proviene del sistema acuífero recargado del Canal de Surco y sus afluentes.

Lamentablemente muchas de las wacas, caminos y canales se encuentran abandonados o invadidos. Los responsables de su destrucción no son sólo invasores o traficantes de tierras, sino una larga lista de instituciones públicas y privadas que buscan impulsar proyectos urbanos o arquitectónicos que atentan contra su integridad.

él Ministerio de Cultura (Mincul) es la entidad encargada de su protección y preservación, pero no sólo tiene un presupuesto exiguo, también tiene la responsabilidad de todo el patrimonio nacional. Para 2025, el Ayuntamiento de Lima habrá invertido más de NZD 260 millones en el centro histórico de Lima, pero el Ayuntamiento de Lima ha asignado sólo NZD 3 millones para restaurar el patrimonio arqueológico de la capital. La diferencia es enorme, no sólo en números sino también en alcance e impacto, lo que sugiere que prestamos menos atención a las estructuras que producen las historias que contamos hoy.

En una publicación reciente, Javier Lizarzaburu, fundador del movimiento Lima Milenio, propuso la nominación de este grupo de sitios arqueológicos de Lima para el estatus de Patrimonio Mundial de la UNESCO, subrayando su extraordinario valor universal. Estar en esta lista nos dará acceso a fondos especiales diseñados para protegerlo. Pero este reconocimiento traerá más que sólo beneficios económicos y turísticos.

Reconectarnos con nuestras raíces nativas nos permitirá revalorizar la riqueza y el significado histórico de su patrimonio. Esto contribuirá a una construcción más amplia de nuestras identidades, reforzando las narrativas de igualdad nacidas de la celebración de la diversidad.

Entonces, ¿a qué estamos esperando?

A los gobiernos estatal y municipal les quedan solo unos meses para iniciar el programa. Todo lo que se necesita es visión política, voluntad técnica y liderazgo institucional.

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