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El proyecto Urbag analiza cómo la agricultura urbana y las infraestructuras verdes pueden mejorar la sostenibilidad y mitigar el cambio climático

Las ciudades europeas apuestan cada vez más por reverdecer los espacios urbanos para combatir el cambio climático y la degradación medioambiental. Sin embargo, hasta hace poco, muchas de estas iniciativas se basaban más en recomendaciones regulatorias que en evidencia científica sólida. proyecto Urbag (Análisis de sistemas integrados de vegetación y agricultura urbanas) surgió para cerrar esta brecha y tiene como objetivo proporcionar evidencia científica rigurosa sobre cómo la infraestructura verde puede contribuir efectivamente al desarrollo urbano sostenible.

Urbarger estudia cómo combinar ciudades, agricultura y espacios verdes alrededor de Luban para diseñar ciudades más sostenibles y resilientes que puedan mitigar los efectos del cambio climático.

Liderado por la Universidad Autónoma de Barcelona y financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) en el marco del programa Horizonte 2020, Urbag se desarrolló entre 2019 y 2025, utilizando Barcelona y Oslo (Noruega) como ciudades de estudio, presentando perfiles urbanos y climáticos contrastantes. El proyecto cuenta con un presupuesto total de 1.893.754€, financiado íntegramente por la Unión Europea.

El proyecto intenta responder a una pregunta clave: qué combinaciones de ciudades, agricultura periurbana y espacios verdes pueden generar beneficios ambientales, climáticos y sociales, y cómo se puede optimizar su implementación. Para lograrlo, Urbag integra múltiples disciplinas y herramientas, desde modelos atmosféricos y climáticos hasta evaluaciones del ciclo de vida de los recursos y análisis de vulnerabilidad socioeconómica y urbana.

Evaluación de impacto de infraestructura verde

El enfoque del proyecto es sistemático e integral, superando la naturaleza fragmentada de estudios anteriores que analizaban la infraestructura verde de forma aislada. Para evaluar el impacto de las infraestructuras verdes, las evaluaciones del ciclo de vida se combinan con modelos atmosféricos avanzados capaces de simular cómo las diferentes configuraciones de los espacios verdes afectan la temperatura, el estrés térmico y la calidad del aire.

Asimismo, se analizan los flujos de alimentos, agua y energía asociados a la agricultura urbana y periurbana, lo que permite optimizar la gestión de recursos y estimaciones más completas de los impactos ambientales. Este enfoque multidisciplinario también incluye la participación de actores locales y la identificación de áreas vulnerables, con el objetivo de hacer que la planificación de la infraestructura verde sea adaptativa, equitativa y basada en evidencia.

El proyecto desarrolla un enfoque integrado que combina la evaluación ambiental, la gestión de recursos y la participación local para planificar la infraestructura verde de una manera eficaz y participativa.

Entre los hallazgos más notables del proyecto, Urbarger descubrió que la densidad de los árboles tiene un impacto directo en las temperaturas urbanas. Las calles con menor densidad de árboles tuvieron temperaturas promedio 1,3°C más altas que aquellas con más árboles, lo que resalta la importancia del diseño estratégico de la vegetación urbana.

Al mismo tiempo, el proyecto demuestra que la infraestructura verde no garantiza beneficios automáticos. La expansión indiscriminada puede tener efectos indeseables, como un mayor consumo de agua o mayores emisiones por el mantenimiento y uso de fertilizantes. Por tanto, maximizar la superficie de espacios verdes no siempre es la estrategia más eficaz; lo fundamental es optimizar la ubicación, tipo y combinación de elementos verdes para maximizar el impacto deseado y minimizar los impactos negativos.

Ejemplos de infraestructura verde urbana (periférica) y soluciones basadas en la naturaleza.

El programa desarrolla herramientas innovadoras para analizar los flujos de alimentos, agua y energía dentro de las ciudades. Por ejemplo, la aplicación Urbag ACV permite calcular los impactos regionales del ciclo de vida de la agricultura urbana y periurbana, facilitando así la planificación de los recursos hídricos y energéticos necesarios para su desarrollo sostenible.

Al mismo tiempo, se han logrado avances en la simulación de la atmósfera urbana, mejorando los modelos para determinar cómo las estrategias de infraestructura verde como los techos verdes o la agricultura urbana afectan la calidad del aire, la regulación de la temperatura y la huella de carbono. Estas simulaciones nos permiten cuantificar los efectos del estrés térmico y la contaminación del aire en entornos urbanos densos, proporcionando una base científica sólida para la toma de decisiones.

Planificación integrada y participación local

Los resultados del proyecto también resaltan la importancia de una planificación integrada y centrada en la vulnerabilidad. Urbarger muestra que los beneficios de la infraestructura verde dependen en gran medida de su ubicación y su integración con los sistemas urbanos existentes. Desde una perspectiva social y climática, priorizar áreas altamente vulnerables es más efectivo que expandir los espacios verdes de manera uniforme en toda la ciudad. La participación de actores locales en el diseño e implementación de estas estrategias también asegura que las soluciones sean socialmente equitativas y adaptadas a las necesidades reales de la gente.

Evaluación integral de la infraestructura verde propuesta por el proyecto Urbag.

El proyecto ha traducido sus conocimientos en herramientas prácticas y consejos para planificadores y formuladores de políticas. guía turístico’Infraestructura verde: una guía para planificadores y formuladores de políticas urbanas” se basa en más de 20 artículos científicos revisados ​​por pares y brinda orientación sobre cómo combinar ciudades, agricultura periurbana y espacios verdes para optimizar beneficios como la producción de alimentos, el enfriamiento urbano y la mejora de la calidad del aire, minimizando al mismo tiempo los impactos negativos y teniendo en cuenta las vulnerabilidades locales.

Asimismo, Urbag introduce un marco integral basado en sistemas socioecológicos y tecnológicos (SETS) y análisis de decisiones multicriterio (MCDA) que pueden evaluar sinergias, compensaciones y efectos conjuntos de la infraestructura verde, vinculando los beneficios locales con los impactos a escalas regional y global. Este enfoque representa un avance significativo en comparación con estudios anteriores que evaluaron cada componente individualmente.

La infraestructura verde puede alcanzar su máximo potencial cuando se planifica de manera integrada, adaptativa y científica, combinando tipo, ubicación y participación local para construir ciudades sostenibles.

En resumen, este proyecto demuestra que la infraestructura verde no es una solución homogénea ni única para todos. Su contribución al desarrollo urbano sostenible depende de la combinación adecuada de tipo y ubicación, la optimización de los recursos y la integración con los sistemas urbanos existentes, y la participación de los actores locales. La iniciativa demuestra que sólo a través de un enfoque integrado, adaptativo y basado en la ciencia es posible transformar la infraestructura verde en una herramienta eficaz para lograr ciudades más sostenibles, resilientes y socialmente equitativas.

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