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Nación ciudadana | Aldo G. Facho Dedé

Estado Cívico Aldo G. Facho Dede - Vista aérea del paisaje urbano de Lima, Perú
Vista aérea del paisaje urbano de Lima, Perú.

Las ciudades son motores de progreso, innovación, riqueza y poder. Son nuestras creaciones más complejas porque emergen con nuestra conciencia colectiva.

Por la proximidad entre trabajadores y empresas, generan economías de aglomeración que crean mercados laborales más dinámicos, diversos y eficientes; promover la integración de cadenas logísticas diversificadas y especializadas; crean mercados de consumo dinámicos; y permitir el nacimiento y la difusión de ideas e innovaciones.1

Esta es la razón por la que más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se espera que esta proporción supere el 70% en 2050 (Naciones Unidas). En Perú el 80% de la población ya lo hace (INEI). Esta migración permanente se explica porque, además de limitaciones y desventajas,

“La densidad urbana proporciona el camino más corto de la miseria a la prosperidad”.

E. Glazer

Pero, como todo, las ciudades tienen sus limitaciones para satisfacer los deseos y necesidades de su población. Esto está determinado por la distribución espacial de equipos, servicios y procesos productivos y la eficiencia con la que la población adquiere estos recursos. Su crecimiento orgánico debe ir acompañado de inversiones en infraestructura y vivienda para asegurar una vida digna a sus ciudadanos, para lo cual se necesita un sistema de gobernanza con capacidad y recursos para planificar e implementar las acciones y proyectos necesarios.

Como hemos visto, las ciudades son centros de vitalidad territorial. Por tanto, cuanto más atractivas y competitivas sean las ciudades de un país, mayor será su tasa de desarrollo. Podemos confirmarlo cruzando el PIB de las economías más grandes con un mapa fotométrico artificial de la Tierra. La dispersión de la riqueza brinda a las personas mayores alternativas para desarrollar sus habilidades y talentos, aumenta la productividad y la competitividad y reduce significativamente los riesgos e ineficiencias causados ​​por la macrocefalia urbana.

En el Perú estas condiciones no se cumplen. Lima y Callao no sólo albergan a un tercio de la población, sino que allí se concentra el 50% del PIB y el empleo formal del país. Más grave aún es el hecho de que la segunda ciudad, Arequipa, represente menos del 5% en ambos indicadores. La evidencia de que nuestro modelo estatista está roto es que, a partir de 2017, la pobreza urbana no ha dejado de crecer, mientras que la pobreza rural ha disminuido (INEI).

La falta de políticas efectivas y sostenidas para la descentralización y diversificación productiva, sumada a la inestabilidad política, la atomización administrativa territorial y la informalidad de las estructuras sociales, limita significativamente el surgimiento de otras ciudades como alternativas de desarrollo. Basta observar el estado precario y abandonado de ciudades importantes como Chiclayo y Piura y compararlas con ciudades similares de otros países de la región. Asimismo, resulta muy preocupante que la capacidad administrativa de los municipios sea muy limitada, como se refleja en el uso inadecuado de los presupuestos anuales y la casi inexistencia del actual Plan de Desarrollo Urbano (MEF).

El principal objetivo del Estado peruano debe ser apostar por el desarrollo territorial y el surgimiento de una red de ciudades intermedias, posicionándose como una alternativa de mejor y mayor desarrollo urbano-rural. Para ello, se necesita urgentemente la aprobación e implementación de la Ley de Ordenamiento Territorial recientemente aprobada por el Comité de Devolución Parlamentaria. Asimismo, se debe dar especial impulso al desarrollo de la infraestructura de transporte y comunicaciones a nivel nacional, al establecimiento de nuevos centros comerciales y de producción, y a la inversión en infraestructura urbana a través de la implementación de una planificación territorial que ordene el uso del suelo e identifique proyectos estratégicos. Estas acciones deben convertirse en una prioridad para el Viceministerio de Gobernanza Territorial de la Presidencia del Consejo de Ministros y la Autoridad Nacional de Gestión de Infraestructura (o el departamento declarado), quienes deben trabajar con los diferentes ministerios involucrados.

Si nuestras ciudades se convierten en los motores del crecimiento nacional, pasaremos de ser una nación de colonos a una nación de ciudadanos cuya diversidad conformará la nación rica, próspera e inclusiva con la que todos soñamos.

Mapa de Contaminación Lumínica del País Ciudadano Aldo G. Facho Dede
Mapa de contaminación lumínica
notas:

1 Alexander Klein y Nicholas Crafts, “Aglomeration Economies and Productivity Growth: American Cities, 1880-1930”, School of Economics Discussion Paper 1514 (Universidad de Kent, 2015), Alvaro Espinosa Castello, Ricardo Castello and Mariana Espinosa, Dinámica territorial y expansión urbana en el Perú (Lima: Promoción 2022), 25.

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