Cateto Club: Arquitectura Resplandeciente
Los souvenirs a menudo se descartan como novedades, o incluso se abarrotan cuando empiezan a acumularse: postales, imanes, bolas de nieve, pequeños artefactos efímeros que comprimen un lugar hasta convertirlo en objetos portátiles. Pero en el mejor de los casos, los souvenirs pueden tener un efecto más profundo. Cuando pasa el tiempo, conservan el sentimiento de su destino. Condensan atmósfera, exageración, fantasía y añoranza en un solo objeto. Cateto Club, un espacio de hospitalidad experimental en la Costa del Sol de España, extiende esta lógica al edificio mismo. No es una réplica ni un renacimiento de pura nostalgia. Se trata de un souvenir espacial construido desde la memoria, la alegría y el imaginario vernáculo de la costa, donde antaño el ocio se entendía como un lenguaje arquitectónico.
El proyecto se basa en un capítulo particularmente dinámico de la historia del diseño español. En la década de 1960, la Costa del Sol se convirtió en un escenario de turismo, escapismo y libertad cuidadosamente fabricada. Las discotecas, hoteles y puntos de referencia de la N-340 están diseñados para ser vistos, fotografiados, recordados y mitificados. Sus fachadas están llenas de maravillas, mientras que sus interiores ofrecen refugio de realidades sociales más estrictas. Cada lugar crea un pequeño espacio de sensualidad, color, música y liberación. Cateto Club recuerda ese mundo sin aplanarlo hasta convertirlo en un pastiche. Al hacerlo, los diseñadores Alejandro Cato Dar a los edificios conmemorativos la misma dignidad cultural que a edificios similares.
Cateto Club reconoce abiertamente la influencia de Mario Bellini, Verner Panton, el futurismo pop y el diseño radical italiano, pero coloca estas referencias junto a la arquitectura de ocio local: el Club de Buceo Aqua-Tec en Fuengirola, las Tres Torres Brutalistas en Torremolinos, la Ciudad Sindical de Vacaciones Tiempo Libre en Marbella y el lenguaje áspero de lugares como el Hotel Malabu, Club Italia. Aquí, el alto diseño y la arquitectura vernácula entablan un poderoso diálogo de diseño.
Este acto de reciprocidad da al proyecto su poder. La historia de la arquitectura a menudo reserva su seriedad para autores famosos, colecciones y buenos deportes, mientras que la arquitectura del turismo, la vida nocturna y el entretenimiento local queda relegada al ámbito del kitsch o el trasfondo. El Club Cateto rechaza esta distinción, alegando que los edificios mejor recordados no siempre reciben el reconocimiento académico. Pueden estar marcados por una extraña entrada en la acera que se vislumbra desde la ventanilla de un automóvil, la peculiar puerta de un club, la pared texturizada de un patio o un umbral iluminado con luces de neón entre la vida cotidiana y el abandono temporal. Estos espacios configuran la memoria colectiva precisamente porque son excesivos, concretos y emocionalmente legibles.
El gesto organizativo del proyecto es el de un cilindro, explorado con una atención casi obsesiva. Parece hueco en los nichos para sentarse, pesado en las barras de bar y taburetes, como umbrales en puertas y aberturas, estampado en pisos de cerámica y como iluminación escultórica en Sentry Sculpture Light diseñada por Ewan Lamm para Ultramar Studio. La forma parece a la vez primitiva y futurista, tenue y monumental, doméstica y teatral. También permite que los proyectos eviten temas superficiales. En lugar de utilizar referencias vintage como decoración, Cateto Club transforma la geometría en un lenguaje espacial, que puede moverse entre mobiliario, arquitectura, decoración y atmósfera.
La puerta de entrada redonda es la expresión más clara de este lenguaje. Con tres metros de diámetro, su fuerza frontal es innegable, dramática y casi cinematográfica. Su monumentalidad no es pesada ni institucional. Es juguetón, casi coqueto. Rinde homenaje a las antiguas fachadas de discotecas de Montemar y Torremolinos, donde la arquitectura actuaba como un teatro de carretera, atrayendo a los conductores que pasaban con formas exageradas. En el panorama hotelero actual, donde muchos interiores están optimizados para el reconocimiento algorítmico pero, en última instancia, visualmente intercambiables, esta audacia parece recientemente radical.
fotografía: Amor Radrillo.
















