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Marta Soul, ‘Love After Love’: ¿Qué ha sido del amor romántico?

Andrés Senra nos tras el trabajo de Marta Soul quien en ‘Love After Love’, su primera exposición individual en Nueva York reflexiona sobre el declive del amor romántico, la incomunicación y la soledad contemporánea.

En su primera exposición en solitario en la ciudad de Nueva York, Marta Soul muestra una serie de fotografías que despliegan ante nuestros ojos un escenario idealizado, paradisíaco, de naturaleza frondosa y espacios interiores preciosistas. En estos paraísos utópicos, las imágenes reproducen el canon iconográfico del amor romántico heterosexual. Sin embargo, tras estas imágenes idílicas se esconde una sospecha.

El hombre en las fotografías de Marta Soul se desvela como un ser idealizado, convertido en pura imagen; inerte, es un ser sintético, una imitación tan perfecta de lo vivo que nos inquieta. La mujer, en sus imágenes, carece de individualidad; despersonalizada, encarna un ideal de feminidad consolidado en los años cincuenta del siglo XX y posteriormente cuestionado por el feminismo.

© Marta Soul

El amor romántico fue una idea construida en el siglo XVIII y que siguió vigente hasta el siglo XX como soporte de la institución del matrimonio, de la familia nuclear y de la procreación. El amor pasó a ser considerado un sentimiento puro, inocente, único sentido de la vida. El amor se convirtió en un sentimiento humano institucionalizado. El único amor posible era el amor romántico, el amor verdadero, el amor entre un hombre y una mujer heterosexual, se entiende. Detrás del amor romántico había una domesticación del deseo.

Esa domesticación del deseo se nos presenta, en las imágenes de Marta Soul, con una mirada vacía, impasible, carente de sentimientos, haciendo de esa conexión anhelada un acto imposible. En este nuevo milenio, que empezó ya hace veintiséis años, estamos cada vez más solos. ¿Por elección? El distanciamiento social que se venía gestando tomó cuerpo, se encarnó en el corazón de la pandemia.

Estamos solos por necesidad de anestesiarnos: nuestro tiempo se ha reducido a un eterno doomscrolling en Instagram para soportar la presión por la supervivencia en el tardocapitalismo acelerado que habitamos. Un tardocapitalismo que solo nos deja tiempo para yacer en la cama al final del día viendo Netflix, conectados al móvil en los trayectos en metro al trabajo o caminando por las calles de la ciudad hiperconectada.Somos unidades de producción. No habitamos un mundo en el que se nos invite a conectar con el otro. Se nos invita a permanecer aislados, asépticos, puros. No con, sino sin.

© Marta Soul

El conjunto de las obras seleccionadas para esta exposición constituye una declaración sobre la imposibilidad y el artificio, no solo de ese amor romántico, sino de la conexión con el otro en nuestro mundo hiperconectado y, sin embargo, tan individualizado. Nos movemos como átomos que no son capaces de formar moléculas.

© Marta Soul

El amor, más allá de este fenómeno de institucionalización ocurrido en los últimos siglos, es una emoción humana que siempre ha estado ahí, siempre nos ha pertenecido. Somos seres sociales que aman, que quieren, que buscan conexión con el otre, que crean comunidades de vida. La amistad, entendida como conexión y deseo de estar con otro, es una necesidad del ser humano como ser social. El amor romántico tomó este sentimiento convirtiéndolo en una funcionalidad: el amor nos realizaba como personas. Personas irremediablemente incompletas sin nuestra «otra mitad»,»la media naranja», usando el lenguaje cursi de las novelas de Corín Tellado.

© Marta Soul

El feminismo comenzó a cuestionar esta idea del amor romántico como una prisión, una exigencia social que implicaba sujeción. El amor era una estrategia para tener a la mujer sujeta. La mujer anhelante de encontrar ese amor verdadero que le proporcionaría un hombre que la vería como objeto de su deseo.

© Marta Soul

A pesar de todo ello, esa búsqueda de conexión no ha desaparecido; los mecanismos de búsqueda han transmutado. Las parejas heterosexuales siguen buscando conexión en Tinder; los hombres gais, en Grindr. La industria psicofarmacéutica crea moléculas destinadas a aplacar la tristeza ocasionada por la falta de conexión, por la pérdida de la comunidad, por la pérdida del estar con.

En las fotografías de Marta encontramos todo esto, con cierta ironía posmoderna y un humor que evidencia esa imagen construida por el romanticismo y que se nos devuelve con una cualidad unheimlich. El hombre que nos muestra Marta es un muñeco perfecto, un ser antropomorfo masculino creado para intentar llenar ese vacío que deja la soledad tras la desintegración del amor romántico.

La mirada de ese ser artificial provoca el efecto del uncanny valley, una inquietud que emerge cuando nos confrontamos con androides de apariencia casi humana. Unos seres que, construidos a imagen y semejanza de lo humano, no consiguen conectar con nosotros y nos devuelven la mirada del muerto viviente, del zombi. El cuerpo sintético se siente tan artificial como el alma sintética. Huyendo de ese binomio platónico, cuerpo-alma, nos encontramos ante un cuerpo-alma poshumano que no consigue, por el momento, trascender su existencia más allá de la de un sistema capaz de analizar de manera perfecta los patrones del lenguaje.

© Marta Soul

Convertida en mera representación del intento de encontrarse con el otro, una mujer observa la vida desde la distancia,lanzando una mirada que se proyecta más allá del seto que la protege de una conexión peligrosa. Un encuentro que ya no es posible. El romanticismo y la melancolía siempre han ido de la mano, y nosotres salimos de la exposición empapados de esa cualidad estética: melancólicos.

© Marta Soul

‘Love After Love’ se puede ver en Benrubi Gallery, en Nueva York, hasta el 25 de noviembre. 529 W 20th St,Fl 8, New York, NY 10011 https://www.benrubigallery.com/exhibitions/marta-soul-love-after-love

Fuente: Clavoardiendo Magazine

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