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PEDAGOGÍA, INFRAESTRUCTURA Y ESPECTÁCULO: “LOS CUERVOS VUELAN HACIA EL NORTE”, DE WENDY CABRERA RUBIO

Bajo la curaduría de Brenda Fernández y por encargo del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio, revisita la historia del Programa Bracero (1942-1964), un acuerdo entre México y Estados Unidos que permitió la contratación temporal de trabajadores mexicanos para cubrir la escasez de mano de obra durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de un episodio poco conocido de este programa —la migración de trabajadores de Nuevo León hacia Estados Unidos para trabajar en el cultivo de betabel—, la artista mexicana examina las políticas migratorias y laborales que han marcado la relación entre ambos países. Las obras conectan este capítulo histórico con el contexto sociopolítico actual, en el que persisten las tensiones en torno a la migración y los derechos de quienes sostienen la economía estadounidense con su trabajo.


A vuelo de pájaro: el norte precede la frontera

Siempre lo han sabido las aves: antes de ser frontera, el norte es una dirección en movimiento. Vuelan surcando el cielo ante líneas que, a vuelo de pájaro, resultan indistinguibles. Debajo, el territorio se extiende y continúa: desiertos, ríos, ciudades, pastizales, campos cultivados. Aquello que nos divide en gobiernos, economías, lenguas y leyes se desvanece bajo el batir de las alas.

El título de la exposición de Wendy Cabrera Rubio (Ciudad de México, 1993) en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), curada por Brenda Fernández, Los cuervos vuelan hacia el norte, nos confronta con una instancia inquietante: volar, desplazarse, parecería sencillo, incluso mundano, para aquellos cuyos cuerpos no están marcados por la jurisprudencia de la frontera ni por los límites de la ciudadanía y de una supuesta humanidad compartida. Otros cuerpos, al moverse, atraviesan alambrados documentales y físicos, inspecciones sanitarias, contratos laborales, centros de reclutamiento, exámenes médicos y categorías legales destinadas a controlar quién pasa o no al otro lado, para qué se ingresa, cuánto se permanece y qué condiciones circunscriben el regreso. Moverse, volar, ya no es dirección, sino sistema de procesamiento.

Procesar el movimiento implica, ante todo, controlar los cuerpos. Desde su exposición Mendel’s Theatre: A Twentieth-Century American Drama (2024), pasando por La señorita eugenesia y otros cuentos (2024) y Angry Young Men, Angry New Deals (2025), Cabrera Rubio ha venido examinando cómo en México y Estados Unidos los cuerpos han sido regulados científica e institucionalmente. En Los cuervos vuelan hacia el norte, dicha exploración se profundiza en el caso económico, en específico en la migración laboral y en el trabajo bracero, ambos entendidos como parte de infraestructuras administrativas pertenecientes al sistema agroindustrial binacional.

Vista de la exposición Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México, 2026. Foto: Arthur Mora para MARCO.

A Cabrera Rubio la figura del ave le permite cuestionar ese aparente libre movimiento del trabajo migrante. En 1936, la Convention for the Protection of Migratory Birds and Game Mammals entre México y Estados Unidos convirtió incluso la circulación de las aves en materia de regulación transfronteriza; la familia Corvidae sería incluida años más tarde a través de una enmienda en 1972. Esa misma paradoja reaparece en “The Crows Fly North” (1942) de Carey McWilliams, quien propuso el vuelo estacional de las aves como metáfora de la migración de los trabajadores mexicanos que sostenían el sistema agrícola estadounidense. El norte deja entonces de ser una dirección geográfica para convertirse en un vector organizador del movimiento, el tiempo y los cuerpos de poblaciones enteras.

Esa vectorialidad adquirió otra dimensión durante la investigación de archivo que Wendy Cabrera Rubio y yo desarrollamos para este proyecto plástico. Como lugar histórico de distribución de la mano de obra en México, incluso antes de su incorporación a las redes del Programa Bracero, Monterrey ocupa un lugar central en esta historia; en la exposición, Espacio Uno del MARCO se convierte en su escenificación. La frontera se desplazaba hacia el interior del país a través de los centros de procesamiento. Como una línea de ensamblaje compuesta por salas de espera y consultorios médicos, la infraestructura migratoria organizaba cuerpos, tiempos y destinos antes incluso de que el movimiento se iniciara.

En colaboración con Yollotl Alvarado Gómez, Adrián Araiza, Pablo Arredondo Vera, Hugo Cabrera Rubio, Sbethlanna González, Nicolás Janssen, Alejandra Lomar, Candela Mirabella, Luis Alonso Sánchez y Patricia Rubio, las obras de la exposición no reconstruyen documentalmente esta historia, sino que la convierten en un escenario donde el pasado emerge como una infraestructura aún reconocible en el presente.

Vista de la exposición Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México, 2026. Foto: Arthur Mora para MARCO.

Melting Pot: pedagogías de control

En Los cuervos vuelan hacia el norte, el carácter escénico configura uno de los núcleos expositivos. Cabrera Rubio pone en escena tanto el espectáculo del intervencionismo como las cadenas disciplinares de americanización construidas para incorporar a los trabajadores migrantes a la economía estadounidense. La videoinstalación Melting Pot y su fanzine, un folleto pedagógico coloreable para niños, condensan esta operación escénica.

En ellos, una cocina funciona como estudio televisivo y escenario de política continental: HenrYFernando Quispe, un ave bicéfala cuyo cuerpo comparten un águila calva y un cóndor andino, actúa como chef de cocina internacional dispuesto a instruirnos en la correcta alimentación. Desde la aparente sencillez del recetario, el supuesto programa educativo se descarrila en un ir y venir de contradicciones e interrupciones hasta desembocar en la violencia: el cóndor termina cocido, con su cabeza servida sobre la mesa cual San Juan Bautista.

Lo cómico se despliega precisamente en esa tensa convivencia desigual entre el águila y el cóndor, entre el dominio de Estados Unidos y la subordinación de América Latina. Entrelazados en un mismo cuerpo, la proximidad nunca elimina la asimetría, sino que vuelve visibles las condiciones de su violento funcionamiento.

Vista de la exposición Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México, 2026. Foto: Arthur Mora para MARCO.

Así, en Melting Pot la promesa de la receta ideal se descompone antes de servirse: abandona su pretensión de integración y aparece como una fantasía pacificada de dominio y subordinación continental. Para el trabajo bracero, esa fantasía adquiere una dimensión material. La economía estadounidense depende de la mano de obra de los trabajadores mexicanos, pero su incorporación debía administrarse estrictamente: reclutarlos, examinarlos, transportarlos y asignarlos a determinados trabajos, a la vez que se garantizaba la provisionalidad de su presencia. Aunque la fuerza laboral se incorporaba al sistema agroindustrial, para su funcionamiento ideal el trabajador debía permanecer como materia temporal y descartable.

Las obras de la exposición extienden esa lógica de administración y disciplina más allá del trabajo mismo para mostrar cómo se organizaba también la cotidianidad de los braceros: cómo debían hablar, vivir, asearse y alimentarse. La pieza de fieltro Aprenda inglés sin maestro, que remite a una fotografía de Leonard Nadel de un bracero leyendo un libro de gramática inglesa en su cama, sitúa esa pedagogía lingüística en el espacio íntimo y en el tiempo del ocio. Aprender inglés aparece como una promesa, como el aprendizaje de los códigos disciplinarios necesarios para hacerse funcional dentro de un orden laboral y social estadounidense.

Vista de la exposición Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México, 2026. Foto: Arthur Mora para MARCO.
Vista de la exposición Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México, 2026. Foto: Arthur Mora para MARCO.

Americanization and Homefront, una maleta de viaje que se convierte en maqueta a escala reitera esa misma lógica en el espacio de la vivienda mediante la arquitectura modular de las barracas militares que pone en relación los campamentos braceros con los campos de internamiento de japoneses y estadounidenses de origen japonés en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. La vivienda, y con ella el espacio de la intimidad, pasa de ser un refugio para convertirse en una tecnología de control: no solo se regula la fuerza laboral del trabajador, sino también su manera de vivir en el espacio.

La disciplina corporal se traslada a su propia representación. En colaboración con Adrián Araiza, Sbethlanna González, Alejandra Lomar y Luis Alonso Sánchez, afiches de inspiración propagandística llenan las paredes de la exhibición, construyendo un imaginario en el que el trabajador migrante debe convertirse en ícono de virtud. El trabajador rural se transforma así en sujeto de espectáculo.

El control pasa del cuerpo a la imagen misma del trabajador y de la producción agrícola. En Fruits of Eden, un photocall troquelado en fieltro remite a la espectacularización del cultivo mediante la figura del Orange Bird de Disney. La pieza dialoga también con el libro Orange Empire: California and the Fruits of Eden de Douglas Sackman, referencia fundamental para la exposición por su análisis de la construcción de California como paraíso agrícola y de sus estructuras laborales.

Reclaiming Eden, una maqueta que entrecruza referencias al Destino Manifiesto, a la conquista del oeste y a Pepe the Frog, desplaza esas idealizaciones hacia el presente, donde ciertos discursos conservadores recuperan la autosuficiencia doméstica, el retorno a la tierra y el trabajo manual como emblemas de un orden social presuntamente perdido.

La producción alimentaria rural aparece entonces como una elección individual capaz de restablecer una conexión moral con la tierra. Los cuervos vuelan hacia el norte critica ese supuesto Edén que reitera una fantasía recurrente: imaginar el trabajo agrícola como una extensión natural y virtuosa de la vida, separándolo de las infraestructuras que lo organizan y de los trabajadores migrantes que lo hacen posible.

Vista de la exposición Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México, 2026. Foto: Arthur Mora para MARCO.

Volver a Monterrey: infraestructuras de frontera

En el terreno del espectáculo diplomático, dicha relación entre infraestructura y representación reaparece en La histórica visita de Roosevelt a Monterrey. Frente a la imagen pública del encuentro entre los presidentes Franklin D. Roosevelt y Manuel Ávila Camacho, la cooperación binacional se muestra como puesta en escena, mientras que los contratos, los centros de reclutamiento, los exámenes médicos y los circuitos administrativos que hicieron posible la circulación de trabajadores permanecen fuera de la tarima.

Los cuervos vuelan hacia el norte expone cómo el trabajador y su fuerza de trabajo aparecen constantemente de manera tangencial: en formularios, recetas médicas, programas de gobierno y fotografías presidenciales. Sus cuerpos no desaparecen; las fotografías de Leonard Nadel han hecho proliferar su imagen. Pero esa visibilidad conlleva una extraña desaparición: el trabajador se subordina a los dispositivos que lo observan, lo clasifican y organizan su circulación.

Dos títeres de cuervo sobrevuelan la exposición junto con HenrYFernando Quispe, atravesando un mismo territorio: el águila y el cóndor vigilan a aquellos cuervos en su vuelo hacia el norte. Los inscriben en una integración continental. El vuelo se transforma así en una herramienta de vigilancia. Estas aves ahora se ciernen sobre Monterrey recordándonos que, como muestra la obra Deuda histórica, el trabajo migrante continúa siendo marginado en las historias de ambos países.

A vuelo de pájaro, la frontera ya no parece invisible. Retomando el movimiento anunciado por su título, en Los cuervos vuelan hacia el norte las aves siguen una dirección, pero su vuelo revela que, para algunos cuerpos, la frontera los precede: se extiende a través de los dispositivos que anticipan, administran y condicionan cada uno de sus movimientos.

Vista de la exposición Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México, 2026. Foto: Arthur Mora para MARCO.

Los cuervos vuelan hacia el norte, de Wendy Cabrera Rubio, se presentó del 22 de mayo al 20 de septiembre de 2026 en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO).

Fuente: Buscó por el término fotografía – Artishock Revista

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